miércoles, 30 de noviembre de 2016

La Trampa Educativa en el Perú. Cuando la educación llega a muchos pero sirve a pocos. Arlette Beltrán y Janice Seinfeld.


Al principio centré mi análisis en la instrumentación educativa; en los resultados publicados en La sociedad desescolarizada (ILLICH, 1971), quedaron establecidos los puntos siguientes:
1. La educación universal por medio de la escuela obligatoria es imposible.

2. Condicionar a las masas por medio de la educación permanente en nada soluciona los problemas técnicos, pero esto resulta moralmente menos tolerable que la escuela antigua. Nuevos sistemas educativos están en vías de suplantar los sistemas escolares tradicionales tanto en los países ricos como en los pobres. Estos sistemas son instrumentos de condicionamiento, poderosos y eficaces, que producirán en serie una mano de obra especializada consumidores dóciles, usuarios resignados. Tales sistemas hacen rentable y generalizan los procesos de educación a escala de toda una sociedad. Tienen aspectos seductores, pero su seducción oculta la destrucción. Tienen también aspectos que destruyen, de manera sutil e implacable, los valores fundamentales.

3. Una sociedad que aspire a repartir equitativamente el acceso al saber entre sus miembros y a ofrecerles la posibilidad de encontrarse realmente, debería reconocer límites a la manipulación pedagógica y terapéutica que puede exigirse por el crecimiento industrial y que nos obliga a mantener este crecimiento más acá de ciertos umbrales críticos. El sistema escolar me ha parecido el ejemplo-tipo de un escenario que se repite en otros campos del complejo industrial: se trata de producir un servicio, llamado de utilidad pública, para satisfacer una necesidad llamada elemental. Luego, nuestra atención se trasladó al sistema de la asistencia médica obligatoria y al sistema de los transportes que, al rebasar cierto umbral de velocidad, también se convierten, a su manera, en obligatorios. La superproducción industrial de un servicio tiene efectos secundarios tan catastróficos y destructores como la superproducción de un bien. Así pues, nos encontramos enfrentando un abanico de límites al crecimiento de los servicios de una sociedad; como en el caso de los bienes, estos límites son inherentes al proceso del crecimiento y, por lo tanto, inexorables.

Introducción de La convivencialidad  de Ivan Illich . Ocotepec (Morelos, México), (1978)

Hoy me acordé de algunos peruanos, de la amiga Mariana León, del amigo Kenneth Delgado que recién estuvo en Sevilla en un congreso y le di un paseito por la Zeviya tradicional  y del vecino zeviyano don Flavio Masitas ... traemos a este espacio este libro que hemos encontrado en el Repositorio Académico de la Universidad del Pacífico ...cuyo título nos recuerda algunas cosillas como Ivan Illich vienés austríaco mexicano ... "La Trampa Educativa en el Perú. Cuando la educación llega a muchos pero sirve a pocos." de  Arlette Beltrán y Janice Seinfeld. Universidad del Pacífico.
Aquí les dejo el sumario para que tengan una idea de lo que ronda y se escriturea dentro ...


Y la cita de Ivan Illich continúa así:

"De manera que podemos concluir que los límites asignables al crecimiento deben concernir a los bienes y los servicios producidos industrialmente. Son estos límites lo que debemos descubrir y poner de manifiesto. Anticipo aquí el concepto de equilibrio multidimensional de la vida humana. Dentro del espacio que traza este concepto, podremos analizar la relación del hombre con su herramienta. Aplicando `el análisis dimensional' esta relación adquirirá una significación absoluta `natural'. En cada una de sus dimensiones, este equilibrio de la vida humana corresponde a una escala natural determinada. Cuando una labor con herramientas sobrepasa un umbral definido por la escala ad hoc, se vuelve contra su fin, amenazando luego destruir el cuerpo social en su totalidad. Es menester determinar con precisión estas escalas y los umbrales que permitan circunscribir el campo de la supervivencia humana."(leer más...)

Fuente: [slideshare , vía Repositorio Académico de la Universidad del Pacífico]

martes, 29 de noviembre de 2016

Porta Linguarum . Monográfico I. Revista Internacional de didáctica de las Lenguas Extranjeras

Hoy traemos a este espacio el Monográfico I de Porta Linguarum, Revista Internacional de didáctica de las Lenguas Extranjeras, de la Universidad de Granada, cuyo sumario es:


ARTICLES
To Innovate or not to Innovate in the Didactic Second Language Scenario (and How) - that Is the Question, CRISTINA CALLE-MARTÍNEZ, Mª DOLORES CASTRILLO DE LARRETA-AZELAIN AND ANTONIO, PAREJA-LORA

Modelos educativos a distancia ligados a los desarrollos tecnológicos, LORENZO GARCÍA ARETIO Y MIRIAM GARCÍA BLANCO





Research on MOOCs: Trends and Methodologies, INMACULADA MAÍZ OLAZABALAGA, CARLOS CASTAÑO GARRIDO AND URTZA GARAY RUIZ





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 Fuente: [ Porta Linguarum]

lunes, 28 de noviembre de 2016

MOOCs: searching for a viable business model. Paper @yepelboin . Yves Epelboin


Como continuación al post de ayer domingo, 27 de noviembre de 2016, titulado: MOOC: à la recherche d'un modèle économique. @yepelboin . Yves Epelboin, resulta que hemos encontrado el paper de la slideshare que trajimos, así que aquí lo tienen  ... para  complementar el trabajito del profesor @yepelboin . Yves Epelboin... "MOOCs: searching for a viable business model" de La UPMC-Sorbonne-Universités, Paris .Universidad Pierre y Marie Curie.
Presentation given at EUNIS 2016, Thessalonique, 6-8 June 2016.
We estimate the cost of a MOOC and show that their use in the context of a university cannot be based on financial saving. Savings are possible for massive classes only thus other objectives must be found.(leer más...)

Fuente: [ slideshare ]

domingo, 27 de noviembre de 2016

MOOC: à la recherche d'un modèle économique. @yepelboin . Yves Epelboin


Hoy traemos a este espacio esta interesante slideshare  en la que nos plantea tres modelos económicos para los MOOC, titulada "MOOC: à la recherche d'un modèle économique. " de Yves Epelboin de La UPMC-Sorbonne-Universités, Paris .Universidad Pierre y Marie Curie.
Presentation given at EUNIS 2016, Thessalonique, 6-8 June 2016.
We estimate the cost of a MOOC and show that their use in the context of a university cannot be based on financial saving. Savings are possible for massive classes only thus other objectives must be found. (leer más...)
 Fuente: [ slideshare]

sábado, 26 de noviembre de 2016

The Gamification of the education. Infographic @knewton

Gamification
Created by Knewton and Column Five Media

Hoy traemos a este espacio esta infografía de Knewton, titulada "The Gamification of the education"

Gamification

Gamification [n]: the use of game design elements in non-game contexts.
Gamification has tremendous potential in the education space. How can we use it to deliver truly meaningful experiences to students? Let us know what you think in the comments

(leer más...) Fuente: [ ]

viernes, 25 de noviembre de 2016

Casos de éxito. La transformación digital del sector educación. Fichas (IV) @fundacionorange


Hoy como cuarta y última entrega de la serie de la Fundación Orange, unimos a los posts del jueves, 24 de noviembre de 2016 La transformación digital del sector educación. Estudio 2016 España (III) @fundacionorange, el miércoles, 23 de noviembre de 2016 Barreras de la transformación digital de educación. Infografía (II) @fundacionorange y el 22 de noviembre de 2016 Tendencias en la transformación digital de educación. Infografía (I) @fundacionorange,  traemos el documento titulado : "Casos de éxito. La transformación digital del sector educación. Fichas (IV) @fundacionorange" .

También os dejamos el inicio de la Introducción del documento que nos aporta una indicación de su contenido:


(leer más...)

Fuente: [Slideshare vía Fundación Orange]

jueves, 24 de noviembre de 2016

La transformación digital del sector educación. Estudio 2016 España (III) @fundacionorange


Hoy como continuación a los posts de ayer y anteayer miércoles, 23 de noviembre de 2016 Barreras de la transformación digital de educación. Infografía (II) @fundacionorange y 22 de noviembre de 2016 Tendencias en la transformación digital de educación. Infografía (I) @fundacionorange, en el que trajimos 2 infografías, traemos el estudio en si, titulado: "La transformación digital del sector educación. 2016- España.". Todo ello de la Fundación Orange

Con el estudio del sector educación realizamos el tercero de los análisis sobre la transformación digital provocada en cada sector por cuatro ejes: Cloud, Mobile, IoT y Social, concepto que, en este caso, agrupa tanto las redes sociales y sus efectos como la economía colaborativa.
Aquí os dejamos la introducción del informe;


(leer más...)

Fuente: [Slideshare vía Fundación Orange]

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Barreras de la transformación digital de educación. Infografía (II) @fundacionorange


Como continuación al post de ayer martes, 22 de noviembre de 2016 Tendencias en la transformación digital de educación. Infografía (I) @fundacionorange, hoy traemos una segunda infografía de la fundación orange titulada Barreras de la transformación digital de educación, (leer más...)

 Fuente: [ fundación orange ]

martes, 22 de noviembre de 2016

Tendencias en la transformación digital de educación. Infografía (I) @fundacionorange


Hoy traemos a este espacio esta infografia de Orange España titulada: Tendencias en la transformación digital de educación.(leer más...)

 Fuente: [ Orange españa]

lunes, 21 de noviembre de 2016

Inteligencia Colectiva para la Democracia.@medialabprado Viernes 18. Tarde @plevy, @arey & @GeorgieBC



Hoy traemos a este espacio , la sesión de la tarde del viernes 18 tarde del encuentro que hicimos referencia el jueves, 25 de agosto de 2016Convocatoria de proyectos Inteligencia Colectiva para la Democracia @MedialabPrado Madrid:

¿Cómo se activan los proceso de inteligencia colectiva?¿Cómo pueden dichos procesos mejorar el funcionamiento de la democracia? ¿Se puede construir política pública a partir de herramientas, plataformas y metodologías de participación democrática creadas colaborativamente por la ciudadanía?

El taller internacional Inteligencia Colectiva para la Democracia, que tendrá lugar entre el 18 de noviembre al 2 de diciembre en el Medialab-Prado de Madrid, pretende responder colectivamenta a dichas preguntas. La inteligencia colectiva y su relación con la democracia serán el suelo común de los ocho proyectos seleccionados en una convocatoria abierta lanzada en el pasado mes de julio. Los proyectos planearán sobre asuntos tan diversos como la legislación colaborativa, las herramientas digitales, la gamificación, la deliberación democrática, procesos de abajo arriba y la democracia distribuida, entre otros.

Programa:

16:00 - 17:00 Toward reflexive collective intelligence - Pierre Levy

La conferencia de Pierre Levy versará sobre el concepto de inteligencia colectiva reflexiva en el contexto de la democracia participativa. En este sentido mostrará la relación de la inteligencia colectiva reflexiva con su investigación actual sobre IEML.

Pierre Lévy es investigador en implicaciones culturales y cognitivas de las tecnologías digitales, para promover sus mejores usos sociales y para estudiar el fenómeno de la inteligencia colectiva humana.

17:20 - 18:20 La inteligencia colectiva como un desafío de diseño: principios de diseño de arquitecturas participativas - Amalio Rey

Algunas premisas de diseño que ayudan a que las herramientas y los procesos de inteligencia colectiva sean más eficaces y eficientes. Recomendaciones para crear arquitecturas participativas que promuevan lógicas más democráticas y distribuidas de acción y toma de decisiones en grupos.

Amalio Rey (@arey) es fundador y Director de eMOTools. Trabaja en modelos de inteligencia Colectiva y de creación de redes y ecosistemas de colaboración.

18:20 - 19:30 The evolution of democracy: Explaining Trump, Brexit and the Colombia peace deal - Heather Marsh

Las herramientas para la democracia han cambiado. Observamos los nuevos desafíos a los que se enfrentan la colaboración masiva y la comunicación de masas y aprendemos cómo los nuevos métodos como el stigmergy y los círculos concéntricos pueden ayudarnos a progresar más rápido y más lejos que con las simples herramientas de votación y creación de consenso.

Heather Marsh es autora, programadora y activista por los de derechos humanos. Actualmente trabaja en el libro Autonomía, Diversidad, Sociedad, un libro sobre el logro de un equilibrio en estos objetivos sociales y los objetivos de gobernanza. También está trabajando en Releasing Chaos, un libro que trata de cómo construir sociedades horizontales y resilientes. (leer más...)

Fuente: [ medialab Prado]

domingo, 20 de noviembre de 2016

El espíritu del terrorismo. Jean Baudrillard ..The spirit of terrorism, #IoT Internet of things & violence


"Al igual que un virus, el terrorismo está en todos lados...Se halla en el corazón mismo d la cultura que lo combate."


No se trata de un choque entre civilizaciones o religiones, sino de otro que sobrepasa con creces al Islam y a Estados Unidos, en los que pretendemos focalizar el conflicto para hacernos la ilusión de que existe un enfrentamiento visible y una solución por la fuerza. Se trata de un antagonismo fundamental que señala, a través del espectro de Norteamérica (que es quizás el epicentro de la globalización, pero que de ninguna manera representa toda su encarnación) y a través del espectro del Islam (que tampoco es la encarnación del terrorismo), la globalización triunfante enfrentada a sí misma.

BAudrillard

Hoy traemos a este espacio este extracto de un texto de Baudrillard unas imágenes, unas frases y una canción. ... sobre el espíritu del terrorismo, una historia altamente educativa,  que vamos a poner en diálogo con la Internet de las cosas y el e-learning ...  tarde o temprano ...#mástempranoqtarde ... #sinREposo y #sinREpaso



JEAN BAUDRILLARD
El espíritu del terrorismo





De los acontecimientos mundiales que habíamos presenciado como la muerte de Lady Di o el Mundial de Fútbol, o acontecimientos violentos y reales como guerras y genocidios, ninguno había cobrado una envergadura simbólica global; es decir, ningún acontecimiento de difusión mundial había puesto en jaque a la globalización misma. A lo largo del estancamiento de los años noventa, lo que se impuso fue “la huelga de acontecimientos” (parafraseando al escritor argentino Macedonio Fernández). Pues bien, la huelga terminó. Los acontecimientos dejaron de estar en huelga. Nos hallamos frente a los atentados de Nueva York y del World Trade Center: el acontecimiento absoluto, la “madre” de los acontecimientos, el hecho puro que concentra en sí todos los que jamás ocurrieron.
Todo el juego de la historia y del poder ha sido afectado, así como los supuestos de su análisis. Pero hay que darse tiempo.
Durante la parálisis de acontecimientos era necesario anticipárseles, ser más rápidos que ellos. En el momento en que se aceleran a esta escala, es necesario ir más lento, sin dejarse sepultar bajo el fárrago de los discursos y el humo de la guerra; y, sobre todo, preservar intacto el fulgor inolvidable de las imágenes.

Todos los discursos y los comentarios traicionan la gigantesca reacción frente al acontecimiento y frente a la fascinación que ejerce. La condena moral, la unión sagrada contra el terrorismo transcurren junto al júbilo prodigioso de ver la destrucción de la superpotencia mundial. Y mejor verla destruirse a sí misma, suicidarse bellamente. Es ella con su insoportable poder quien, infiltrándose en el mundo, ha sembrado la violencia y (sin saberlo) la imaginación terrorista que habita en todos nosotros.
Que algún día soñamos con ese acontecimiento, que cada uno sin excepción lo ha soñado, porque nadie puede no soñar con la destrucción de un poder que ha alcanzado tal grado de hegemonía, resulta inaceptable para la conciencia moral de Occidente. Pero es un hecho, y un hecho a la medida justa de la patética violencia de los discursos que quieren borrarlo.
En última instancia, son ellos quienes lo propiciaron, y nosotros los que lo quisimos. Si no tomamos esto en consideración, el acontecimiento pierde toda su dimensión simbólica, y se convierte en un accidente puro, un acto puramente arbitrario: el espectáculo asesino de unos fanáticos a los que bastaría con eliminar. Pero sabemos que no es así. De ahí el delirio contrafóbico de exorcizar el mal, que está ahí, por todas partes, como un oscuro objeto del deseo. Sin esa inconfesable complicidad, el acontecimiento no habría tenido la repercusión que tuvo; y en su estrategia simbólica los terroristas saben, sin duda, que pueden apostar a ella.

Esto rebasa por mucho el odio al poderío mundial que domina a los desheredados y los explotados, los que cayeron en el lado equivocado del orden global. Ese maligno deseo habita en el corazón de los que disfrutan de sus beneficios. La alergia a cualquier orden definitivo, a cualquier poder definitivo es afortunadamente universal, y las dos torres del World Trade Center encarnaban, perfectas en su gemelidad, precisamente ese orden definitivo.
No se requiere una pulsión de muerte o de destrucción, tampoco un efecto perverso. Resulta lógico e inexorable que el engrandecimiento del poder exacerbe la voluntad de destruirlo, también que sea cómplice de su propia destrucción. Cuando las torres se desmoronaron, daba la impresión de que respondían al suicidio de los aviones suicidas, suicidándose. Se ha dicho: “¡Dios mismo! No puede declararse la guerra.” Pues sí, Occidente, que ha tomado el lugar de Dios (de la divinidad todo poderosa y de la legitimidad moral absoluta), se convierte en suicida, y se declara la guerra a sí mismo. Las innumerables películas de catástrofes revelan esa fantasía que conjuran a través de la imagen, sumergiendo todo bajo los efectos especiales. Pero la atracción universal que ejercen, al igual que la pornografía, muestra que el paso al acto está siempre cerca; es la veleidad de rechazar un sistema que, de tan poderoso, se acerca a la perfección o a la omnipotencia.

De hecho, es probable que los terroristas (al igual que los expertos) no hayan previsto el hundimiento de las Twin Towers que cifró, más que el ataque al Pentágono, el shock simbólico contundente. El desmoronamiento simbólico del sistema fue el resultado de una complicidad imprevisible; como si desmoronándose ellas mismas, suicidándose, las torres hubieran entrado en el juego para rematar el acontecimiento. En cierto sentido, es el sistema entero el que contribuye, por su fragilidad interna, con el acto inicial.

Pero el sistema se concentra mundialmente, constituyendo al límite una red que se vuelve vulnerable en un solo punto (así, un hacker filipino logró, desde su computadora portátil, lanzar el virus I love you, que le dio la vuelta al mundo devastando redes enteras). Aquí son los dieciocho kamikazes quienes, gracias al arma absoluta de la muerte multiplicada por la eficiencia tecnológica, desencadenan un proceso catastrófico global.

Cuando el poder mundial monopoliza a tal grado la situación, cuando enfrentamos esta concentración desmedida de las funciones de la maquinaria tecnocrática y del pensamiento único, ¿qué otra vía existe sino la de una transferencia terrorista de la situación? Es el sistema mismo el que ha creado las condiciones objetivas para esa represalia brutal. Al guardarse todas las cartas en la mano, obliga al Otro a cambiar las reglas del juego. Y las nuevas reglas son despiadadas, porque la apuesta es despiadada. A un sistema cuyo exceso de poder plantea un desafío irremediable, los terroristas responden por medio de un acto definitorio, sin posibilidad de intercambio alguno. El terrorismo es el acto que restituye una singularidad irreductible en el seno de un sistema de intercambio generalizado. Todas las singularidades (las especies, los individuos, las culturas) que pagaron con su muerte la emergencia de la circulación mundial –la cual ya obedece a un poder único–, hoy se vengan a través de esa transferencia terrorista de la situación.

Terror contra terror –no hay ninguna ideología detrás–. A partir de esto, nos hallamos más allá de la ideología y de la política. Ninguna ideología, ninguna causa, ni siquiera la islámica puede reivindicar la energía que alimenta al terror. No apunta ni siquiera a cambiar el mundo sino (como los herejes en su tiempo) a radicalizarlo a través del sacrificio; el mismo que el sistema pretende imponer por la fuerza.

Al igual que un virus, el terrorismo está en todos lados. Hay un goteo permanente de terrorismo en el mundo: es la sombra que proyecta todo sistema de dominación listo a despertar en cualquier lugar como un agente doble. Ya no existe una línea de demarcación que permita cercarlo. Se halla en el corazón mismo de la cultura que lo combate. Y la fractura visible (y el odio) que opone en el plano mundial a los explotados y los subdesarrollados con Occidente se une secretamente a la fractura interna del sistema dominante. Éste puede hacer frente a cualquier antagonismo visible. Pero contra ese otro antagonismo de estructura viral, contra esa forma de reversión casi automática de su propio poder, el sistema es impotente –como si todo aparato de dominación secretara su dispositivo de autodestrucción, su propio fermento de desaparición–. Y el terrorismo es la onda de choque de esa reversión silenciosa.

No se trata de un choque entre civilizaciones o religiones, sino de otro que sobrepasa con creces al Islam y a Estados Unidos, en los que pretendemos focalizarel conflicto para hacernos la ilusión de que existe un enfrentamiento visible y una solución por la fuerza. Se trata de un antagonismo fundamental que señala, a través del espectro de Norteamérica (que es quizás el epicentro de la globalización, pero que de ninguna manera representa toda su encarnación) y a través del espectro del Islam (que tampoco es la encarnación del terrorismo), la globalización triunfante enfrentada a sí misma. En este sentido, se puede hablar de una guerra mundial; no la tercera sino la cuarta y única verdaderamente mundial, pues lo que está en juego es la globalización misma. Las dos primeras guerras mundiales respondían a la imagen clásica de la guerra. La primera puso fin a la supremacía de Europa y a la era colonial. La segunda puso fin al nazismo. La tercera, que tuvo lugar bajo la forma de la Guerra Fría y la disuasión, puso fin al comunismo. De una a otra, nos hemos dirigido cada vez más hacia un orden mundial único, que hoy ha llegado virtualmente a su consumación. Un orden que se encuentra enfrentado a las fuerzas antagónicas diseminadas en el corazón mismo de lo mundial, en todas sus convulsiones actuales. Guerra fractal de todas las células, de todas las singularidades que se rebelan bajo la forma de anticuerpos. Enfrentamiento a tal punto inasible que cada cierto tiempo es necesario salvaguardar la idea de la guerra a través de puestas en escena espectaculares, como las de la Guerra del Golfo o la de Afganistán. Pero la Cuarta Guerra Mundial está en otra parte. Ella es la que inquieta a todo el orden mundial, a toda dominación hegemónica –si el Islam dominara al mundo, el terrorismo se levantaría en su contra–. El mundo mismo se resiste a la globalización.

El terrorismo es inmoral. El acontecimiento del World Trade Center, ese reto simbólico, es inmoral, y responde a una globalización que en sí misma es inmoral. Pues bien, seamos inmorales. Y si queremos comprender algo, miremos un poco mas allá del Bien y el Mal. Por primera vez, nos hallamos frente a un acontecimiento que desafía no sólo la moral sino toda forma de interpretación Tratemos de hacernos de la inteligencia del Mal.
El punto crucial está justo ahí: el contrasentido total de la filosofía occidental, la del Siglo de las Luces en cuanto a la relación entre el Bien y el Mal. Creemos ingenuamente que el progreso del Bien, su ascenso al poder en todos los ámbitos (ciencia, tecnología, democracia, derechos humanos), corresponde a una derrota del Mal. Nadie parece haber comprendido que el Bien y el Mal ascienden al poder al mismo tiempo, y siguen el mismo movimiento. El triunfo del primero no conlleva la desaparición del otro, sino al contrario. Al Mal lo consideramos, metafísicamente, como un error accidental. Pero ese axioma, del que se desprenden todas las formas maniqueas de la lucha entre el Bien y el Mal, es ilusorio. El Bien no reduce al Mal, ni a la inversa: son irreductibles el uno para (con) el otro, y su relación es inextricable. En el fondo, el Bien no podría darle jaque al Mal más que renunciando a ser el Bien, puesto que al adjudicarse el monopolio mundial del poder lleva consigo un efecto de retour de flamme de una violencia proporcional.
En el universo tradicional, existía un balance entre el Bien y el Mal, una relación dialéctica que aseguraba de algún modo la tensión y el equilibrio moral del universo –como en la Guerra Fría, donde el enfrentamiento de las grandes dos potencias aseguraba el equilibrio del terror, anulando la supremacía de una sobre la otra–. Este balance se quiebra a partir del momento en que se impone una extrapolación total del Bien (hegemonía de lo positivo sobre cualquier forma de negatividad, exclusión de la muerte y de toda fuerza adversa latente, triunfo de los valores del Bien en toda la extensión). A partir de ahí, se rompe el equilibrio, como si el Mal retomara una autonomía invisible, desarrollándose a partir de entonces en forma exponencial.
Toda proporción guardada, hay una semejanza con el orden político que se produjo a raíz de la desaparición del comunismo y del triunfo mundial del liberalismo. Ha surgido un enemigo fantástico, que se infiltra en el planeta como un virus, surgiendo de todos los intersticios del poder: el Islam. Pero el Islam no es sino el frente móvil, la cristalización de ese antagonismo, que está en todas partes y en cada uno de nosotros: terror contra terror pero terror asimétrico. Esta asimetría desarma por completo a la superpotencia mundial. Enfrentada a sí misma, no puede sino hundirse en su propia lógica de la correlación de fuerzas, sin capacidad alguna para jugar en el terreno del desafío simbólico y de la muerte, a los que ignora, pues los ha excluido de su propia cultura.
Hasta ahora, esta potencia integradora ha logrado absorber y reabsorber todas las crisis, toda negatividad. Con ello ha creado una situación profundamente desesperante (no sólo para los condenados de la tierra, sino también para el confort de los privilegiados). El acontecimiento fundamental es que los terroristas dejaron de suicidarse en vano al poner en juego, de manera ofensiva y eficaz, su propia muerte. Los guía una intuición estratégica simple: la inmensa fragilidad del adversario, la de un sistema que ha llegado casi a su perfección y que, de pronto, se vuelve vulnerable al más mínimo destello. Los terroristas lograron hacer de su propia muerte un arma contundente en contra de un sistema que vive de excluir la muerte, y cuyo ideal es: cero muertos. Todo sistema de cero muertos es un sistema de suma cero. Y cualquier medio de disuasión y destrucción resulta impotente contra un enemigo que ya ha hecho de la muerte un arma contraofensiva. “¡Qué importan los bombardeos norteamericanos! ¡Nuestros hombres tienen tantas ganas de morir como los americanos de vivir!” De ahí la desigualdad de las cuatro mil muertes infligidas de un solo golpe a un sistema de cero muertos.
Es así que se juega todo por la muerte. No sólo por la irrupción violenta, en directo, en tiempo real de la muerte, sino por la irrupción de una muerte más que real: simbólica, la muerte por sacrificio –es decir, el acontecimiento absoluto y definitivo–.
Tal es el espíritu del terrorismo.
Nunca atacar al sistema en términos de la correlación de fuerzas. Ése es el imaginario (revolucionario) que impone el sistema mismo, el cual sólo sobrevive obligando a sus adversarios a pelear en el terreno de la realidad, que siempre es su terreno. Y desplazar la lucha a la esfera de lo simbólico; ahí donde la regla es el desafío, la reversión, el frenesí. De tal manera que a la muerte no pueda respondérsele sino con una muerte igual o superior. Desafiar el sistema con un don al que no puede responder sino a través de su propia muerte y su propio desmoronamiento.
La hipótesis terrorista es que el sistema mismo se suicida como respuesta a los diversos desafíos de la muerte y del suicidio, puesto que ni el sistema ni el poder escapan a su condición simbólica –y sobre esa trampa descansa la posibilidad de su destrucción–. En ese ciclo vertiginoso del intercambio imposible de la muerte, la del terrorista representa un punto infinitesimal. Y no obstante provoca una aspiración, un vacío, una gigantesca onda. Alrededor de ese ínfimo punto, todo el sistema, el de lo real y el poder, se vuelve denso, se tetaniza, se repliega sobre sí mismo y se hunde en su propia eficacia.
La táctica del modelo terrorista consiste en provocar un exceso de realidad, y hacer que el sistema se desmorone bajo ese exceso. La ridiculez de la situación, así como la violencia que el poder moviliza, se tornan en su contra. Los actos terroristas son una lente de aumento de su propia violencia y, a la vez, un modelo de violencia simbólica que le está vedada, la única que no puede ejercer: la de su propia muerte. Por esto todo el poder visible es impotente frente a la muerte ínfima, pero simbólica, de unos cuantos individuos.
Hay que admitir la evidencia de que ha nacido un nuevo terrorismo, una nueva forma de actuar que juega el juego y se apropia de las reglas para manipularlas.
Esta gente no sólo lucha con armas desiguales, puesto que ponen en juego su propia muerte, la cual carece de respuestas (“son ruines”), sino que han hecho suyas las armas de la gran potencia. El dinero y la especulación en la Bolsa, las tecnologías informáticas y aeronáuticas, la dimensión espectacular y las redes mediáticas: han asimilado la modernidad y la globalización sin cambiar su rumbo, lo que implica destruirlas. 
Para colmo de la malicia, utilizan incluso la banalidad de la vida cotidiana norteamericana como máscara y como doble juego: duermen en sus suburbios, leen y estudian en familia antes de despertar de un día para otro como bombas de efecto retardado. El conocimiento preciso, sin error, de esa clandestinidad tiene un efecto casi tan terrorista como el espectacular evento del 11 de septiembre. Arroja la sombra de la sospecha sobre cualquier individuo: ¿o no acaso cualquier ser inofensivo puede ser un terrorista en potencia? Si ellos lograron pasar desapercibidos, cualquiera de nosotros representa un criminal desapercibido (cada avión se convierte en sospechoso), y en el fondo es verdad. Quizá corresponde a una forma inconsciente de criminalidad potencial, disfrazada, y cuidadosamente reprimida, pero siempre susceptible, si no de resurgir al menos de vibrar secretamente frente al espectáculo del Mal. Así, el acontecimiento se ramifica hasta el detalle –propiciando un terrorismo mental aún más sutil–.
La gran diferencia es que los terroristas, al disponer de las armas del sistema, disponen de otra arma letal: su propia muerte. Si se conformaran con combatir el sistema mediante sus propias armas serían eliminados de inmediato. Si opusieran tan sólo su muerte, desaparecerían de la escena tan rápido como en cualquier sacrificio inútil –hasta ahora eso es lo que el terrorismo ha hecho casi siempre (como los atentados de los palestinos), y por lo que ha estado condenado al fracaso–.
Todo cambió a partir de esa unión entre los medios modernos disponibles y el arma mas simbólica; ésta multiplica infinitamente su potencial destructivo. Esa multiplicación de los factores (que nos parecen irreconciliables) es lo que les da semejante superioridad. Por el contrario, la estrategia de cero muertos, la guerra “limpia”, tecnológica, pasa precisamente del lado frente a esa transfiguración del poder “real” a través del poder simbólico.
El éxito prodigioso de un atentado como el del 11 de septiembre es un problema en sí. Y para comprender algo hay que desprenderse de la visión occidental, y advertir lo que sucede en la organización y la mente del terrorista. Una eficacia de tal grado supondría en nosotros una capacidad de cálculo, de racionalidad, que difícilmente podemos imaginar en otros. Y en caso de contar con esa capacidad, como cualquier organización racional o de servicios secretos, habría fugas y errores.
El éxito está en otra parte. La diferencia es que, en el caso del terrorismo, no se trata de un contrato laboral, sino de un pacto y de la obligación impuesta por el sacrificio. Una obligación como ésa se halla protegida frente a toda deserción o corrupción. El milagro reside en su capacidad para adaptarse a la red mundial, al protocolo técnico, sin renunciar a la complicidad con la vida y la muerte. De manera opuesta al contrato, el pacto no une individuos –ni siquiera su “suicidio” representa un acto de heroísmo individual–. Es un sacrificio colectivo sellado por una exigencia ideal –la conjugación de dos dispositivos: una estructura operativa y un pacto simbólico, lo que hace posible un acto de tal desmesura–.
No tenemos idea de lo que significa el cálculo simbólico, como en el póker o las máquinas traga monedas: apuesta mínima, resultado máximo. Es exactamente lo que lograron los terroristas con el atentado en Manhattan, e ilustra bastante bien la teoría del caos: un golpe inicial provoca consecuencias incalculables, mientras que el despliegue gigantesco de los norteamericanos (Tormenta del Desierto) no obtiene sino efectos insignificantes –por decirlo de alguna manera, el huracán termina en el aleteo de una mariposa–.
El suicida representaba un terrorismo de pobres; el de ahora es un terrorismo de ricos. Eso es lo que nos causa tanto miedo: que se hayan hecho ricos (poseen los medios para ello) sin dejar de desear nuestra ruina. Según nuestro sistema de valores, ellos hacen trampa: poner en juego la propia muerte no es correcto. Pero a ellos no les importa, y las nuevas reglas del juego ya no nos pertenecen.
Todo resulta útil para desacreditar sus actos. Llamarlos “suicidas” y “mártires”. Se agrega, de inmediato, que el martirio no prueba nada, que no tiene nada que ver con la verdad, y que incluso (citando a Nietzsche) es el principal enemigo de la verdad. Ciertamente, su muerte no prueba nada. Pero no hay nada que probar en un sistema en el que la verdad es inalcanzable –o es que ¿somos nosotros quiénes pretendemos ser los portadores de esa verdad?– Por otra parte, ese argumento notablemente moral se revierte. Si el mártir voluntario, el kamikaze, no prueba nada, entonces el mártir involuntario, la víctima del atentado, tampoco prueba nada; y hay algo de inconveniente y obsceno en hacer de ello un argumento moral (sin prejuzgar en absoluto su sufrimiento y su muerte).
Otro argumento de mala fe: los terroristas cambian su muerte por un lugar en el paraíso; su acto no es gratuito, por lo tanto no es auténtico. Sería gratuito sólo si ellos no creyeran en Dios, si la muerte no entrañara, como lo hace para nosotros, una esperanza (los mártires cristianos no esperaban otra cosa que esa sublime equivalencia). No pelean con las mismas armas. Mientras que ellos tienen derecho a la salvación, nosotros ni siquiera podemos albergar esa esperanza. Mientras que sólo nos queda el duelo de nuestra muerte, ellos pueden hacer con ella una apuesta ambiciosa.
En el fondo, todo esto –la causa, la prueba, la verdad, la recompensa, el fin y los medios– representa una forma de cálculo típicamente occidental. Incluso a la muerte la evaluamos con tazas de interés, en términos de calidad/precio. Cálculo económico de pobres, y de quienes ni siquiera tienen el valor de ponerle un precio.
¿Qué puede pasar –salvo la guerra, que no es mas que una pantalla de protección convencional?– Se habla de terrorismo biológico, de guerra bacteriológica o de terrorismo nuclear. Pero todo esto no pertenece al orden del desafío simbólico, sino al del aniquilamiento sin palabra, sin gloria, sin riesgo; al orden de la solución final. Resulta un contrasentido ver en el acto terrorista una lógica puramente destructiva. Me parece que sus actos, en los que la muerte va implícita (lo que precisamente la hace un acto simbólico), no buscan la eliminación impersonal del otro. Todo permanece en el terreno del desafío y el duelo, es decir, una relación dual, casi personal, con la potencia adversa. Es ella quien los ha humillado, y ella debe ser humillada y no simplemente exterminada. Es necesario degradarla. Esto jamás se logra con la fuerza bruta o la eliminación del otro. Debe apuntársele y herirla en la adversidad. Aparte del pacto que une a los terroristas, existe algo así como un pacto en el duelo con el adversario. Es exactamente lo contrario de la cobardía de la que se les acusa, y lo opuesto a lo que hicieron los norteamericanos en la Guerra del Golfo (y que repiten actualmente en Afganistán): objetivo invisible, liquidación operativa. 
De estos sucesos quedan las imágenes por encima de todo. Debemos preservarlas, así como la fascinación que ejercen sobre nosotros, ya que ellas son, quiérase o no, la escena primigenia. Al mismo tiempo que radicalizaron la situación mundial, los acontecimientos de Nueva York han –habrán– radicalizado la relación entre la imagen y la realidad. Acostumbrados a ver una profusión continua de imágenes banales y una oleada de acontecimientos simulados, el acto terrorista de Nueva York resucita, a un mismo tiempo, la imagen y el acontecimiento.
Entre las armas que los terroristas lograron volver en contra del propio sistema, una de las que capitalizaron con mayor provecho fue el tiempo real de las imágenes, su difusión instantánea a nivel mundial; al igual que la especulación en la Bolsa, la información electrónica y la circulación aérea. El papel de la imagen es notablemente ambiguo. Al mismo tiempo que exalta el acontecimiento lo toma como rehén. Juega, de manera simultánea, a la multiplicación infinita, la diversión y la neutralización (así sucedió con los acontecimientos de 1968). La imagen consume al acontecimiento, en el sentido de que lo absorbe y lo ofrece al consumo. 
En tanto acontecimiemto-imagen, le otorga un impacto hasta ahora inédito.
¿Qué queda del acontecimiento real si la imagen, la ficción, lo virtual se filtran por doquier en la realidad? En este caso, creímos ver (quizá con cierto alivio) un resurgimiento de lo real y de la violencia de lo real en un universo supuestamente virtual. “¡Se acabaron sus historias virtuales, esto es la realidad!” Asimismo, fuimos testigos de una resurrección de la historia más allá del fin que le fue anunciado. Pero, ¿la realidad rebasa la ficción? Si parece haberlo logrado, se debe a que absorbió su energía, y ella misma se convirtió en ficción. Casi podría decirse que la realidad siente celos de la ficción, lo real está celoso de la imagen… Se trata de una suerte de duelo entre ambos, entre quién resultará más inconcebible.
El desmoronamiento de las torres del World Trade Center es inimaginable, pero no es suficiente para hacer de él un acontecimiento real. Un incremento de la violencia no es suficiente para acceder a la realidad. La realidad es un principio, y ése es el principio que se ha perdido.
Realidad y ficción son inextricables; lo fascinante del atentado reside en la imagen (las consecuencias simultáneas de jubilo y catástrofe son en sí mismas imaginarias).
Es un caso en el que lo real se suma a la imagen como un excedente de terror, como algo más estremecedor. No sólo es aterrador sino que además es real. En lugar de que la violencia de lo real esté ahí y se sume al estremecimiento de la imagen, la imagen se halla antes que nada, y a ella se suma el estremecimiento de lo real. Algo así como una ficción que rebasa la ficción. Ballard (a partir de Borges) hablaba de reinventar lo real como una ficción más temible y más sublime.
Esa violencia terrorista no representa un retour de flamme de la realidad, no más que el de la historia. Esa violencia terrorista no es “real”. En cierto sentido es peor: es simbólica. La violencia en sí puede ser perfectamente banal e inofensiva. Sólo la violencia simbólica genera una singularidad. En ese acontecimiento, en la catastrófica película de Manhattan se conjugan, en su mayor expresión, los dos elementos que fascinan a las masas del siglo xx: la magia blanca del cine y la magia negra del terrorismo. La luz blanca de la imagen y la luz negra del terrorismo.
Después del shock intentamos extraer algún sentido, encontrar una interpretación; pero carece de él, y ese radicalismo, esa brutalidad del espectáculo es lo original y lo irreductible. El espectáculo del terrorismo impone el terrorismo del espectáculo. Contra esa fascinación inmoral (incluso si desencadena una reacción moral universal) el orden político es impotente. Ése es nuestro teatro de la crueldad, el único que nos queda –extraordinario por cierto, ya que alcanza el punto más álgido de espectacularidad y desafío–. Al mismo tiempo, es el micromodelo fulgurante de un nudo de violencia real en una cámara de máxima resonancia –la forma más pura de lo espectacular–, y un modelo de sacrificio que opone al orden histórico y político la forma simbólica más pura del desafío.
Cualquier masacre les habría sido perdonada, si hubiera tenido sentido, si pudiera interpretarse como una violencia histórica –ése es el axioma moral de la buena violencia–. Cualquier forma de violencia les habría sido perdonada, si ésta no hubiera sido transmitida por los medios (“el terrorismo sin los medios no sería nada”). Pero es una ilusión. No existe el buen uso de los medios, ellos forman parte del acontecimiento, forman parte del terror y juegan en uno y otro bando. 
El acto represivo sigue la misma espiral imprevisible del acto terrorista. Nadie sabe dónde va a detenerse ni los virajes que van a producirse. En el plano de las imágenes y de la información, no es posible distinguir entre lo espectacular y lo simbólico: imposible distinguir entre el “crimen” y la represión. Ese desencadenamiento incontrolable de la reversibilidad es la verdadera victoria del terrorismo. Victoria visible en las ramificaciones y la infiltración subterránea del acontecimiento –no sólo en la recesión económica directa, política, bursátil y financiera del conjunto del sistema, y en la recesión moral y psicológica que resulta de ella, sino también en la del sistema de valores, de toda ideología de la libertad, de la libre circulación, etc., que eran parte del orgullo del mundo occidental, y del que se valía para ejercer su influencia sobre los demás–.
La idea de la libertad, idea nueva y reciente, está en vías de extinguirse en las conciencias y en las costumbres. La globalización liberal está a punto de consumarse bajo la forma exactamente inversa: una mundialización policíaca, el control total, el terror de la seguridad. La ausencia de reglas desemboca en una escalada de obligaciones y restricciones equivalentes a las de una sociedad fundamentalista.
Disminución de la producción, del consumo, de la especulación, del crecimiento (¡pero ciertamente no de la corrupción!): todo sucede como si en el sistema mundial se operara un repliegue estratégico, una revisión desgarradora de sus valores –da la impresión de una reacción defensiva ante el impacto del terrorismo, pero en el fondo se trata de una respuesta a su disposiciones secretas–, regulación forzada como salida al desorden absoluto que, de alguna manera, se impone sobre sí mismo interiorizando su fracaso.
Otro aspecto de la victoria de los terroristas es que las demás formas de violencia y desestabilización juegan a favor suyo: terrorismo informático, biológico, el ántrax y el rumor. Todos le han sido imputados a Bin Laden, quien podría incluso reivindicar a su favor las catástrofes naturales. Todas las formas de desorganización y de circulación perversa le son útiles: hasta la estructura misma del intercambio mundial generalizado a favor de un intercambio imposible. Se trata de una suerte de escritura automática del terrorismo, (re)alimentada por el terrorismo involuntario de la información, con todas las consecuencias de pánico que resultan de ella. Si en toda esa historia del ántrax, la intoxicación ocurre por una cristalización instantánea, por el simple contacto entre una solución química y una molécula, ello significa que el sistema alcanzó un peso crítico que lo hace vulnerable a la más mínima agresión. 
No existe una solución para una situación límite. No es de ninguna manera la guerra, que ofrece una situación conocida: la avalancha habitual de fuerzas militares, información fantasma, bombardeos inútiles, falsos y patéticos discursos, despliegue tecnológico e intoxicación. Al igual que en la guerra del Golfo: un no-acontecimiento, un acontecimiento que en realidad no tuvo lugar.
De hecho ahí está su razón de ser: sustituir un acontecimiento real y extraordinario, único e imprevisible, con un pseudo-acontecimiento repetitivo y ya conocido. El atentado terrorista corresponde a una precesión del acontecimiento en todos sus modelos de interpretación, mientras que la guerra estúpidamente militar y tecnológica corresponde, por el contrario, a una precesión del modelo sobre el acontecimiento, y por lo tanto, a una apuesta ficticia y a un no-lugar. La guerra como continuación de la ausencia de política con otros medios.
©Jean Baudrillard, L’ esprit du terrorisme, Éditions Galilée, Paris, 2002.
Traducción del francés: María Virginia Jaua-Alemán.



Fuente: [Baudrillard]

sábado, 19 de noviembre de 2016

Higher Ed Governance for the Real World. Rachel de Lauder


Hoy traemos a este espacio esta slideshare de Rachel DeLauder, Content Strategist at NewCity  An Interactive Design Agency que se titula: "Higher Ed Governance for the Real World." y que nos presenta así:

You can read all about ideal governance models that should work, but what does it really take to run a website in higher ed? This study researched staff structures, roles, and skills at colleges and universities so we could share real examples of how day-to-day website management gets done across higher ed.
(leer más...) Fuente: [ slideshare]

viernes, 18 de noviembre de 2016

Aprendizajes conectados @ARdelasH Antonio Rodríguez de las Heras @MediaLabUGR

 



Hoy traemos a este espacio esta conferencia de Antonio Rodríguez de las Heras titulada "Aprendizajes conectados" ... Primera conferencia del ciclo #AprendizajesConectados, organizado por MediaLab UGR, impartida por el catedrático Antonio Rodríguez de las Heras y titulada 'Tiempo y lugar en el aprendizaje conectado: observaciones sobre unas experiencias' (2/11/2016).(leer más...)

 Fuente: [ youtube medialab UGR]

jueves, 17 de noviembre de 2016

#anticipaUS Anticipa. Plan Estratégico de la Universidad de Sevilla (2016-2025) @unisevilla #sevillaHoy

Hoy se ha presentado en el Salón de Actos compartido de la Facultad de Psicología y Filosofía de la Universidad de Sevilla #anticipaUS .. que qué es  Anticipa ?  Pues, el Plan Estratégico de la Universidad de Sevilla (2016-2025) ... Así que aquí alguna información de urgencia recién salido del acto ....
Que nos presentan así, en su web recién estrenada:

El Plan Estratégico para la Universidad de Sevilla es tanto un compromiso de gobierno como una obligación. Todos somos conscientes del punto de inflexión en el que nos encontramos inmersas todas las universidades, que hace necesario mirar hacia delante. Y Anticipa tiene ese propósito. Anticipa quiere ser el marco que oriente la senda hacia donde debe caminar la Universidad de Sevilla, identificando qué queremos ser, cómo podemos alcanzarlo y la velocidad de crucero que puede guiar nuestros pasos. Para ello, se ha elegido estructurar Anticipa de un modo participativo y abierto, con la intención de que toda la comunidad universitaria, así como las organizaciones e instituciones que nos rodean, puedan participar en su elaboración. En definitiva, pensamos que, aunque la iniciativa y responsabilidad corresponde al equipo de gobierno, los protagonistas son la sociedad en general y la comunidad universitaria en particular.

Anticipa potenciará el recurso más relevante de nuestra universidad, las personas, a través de las funciones básicas que proporcionamos a la sociedad: formación, investigación, transferencia de conocimiento y cultura. Y todo ello sustentado en los instrumentos esenciales que caracterizan una universidad del siglo XXI: internacionalización, nuevas tecnologías, responsabilidad social y sostenibilidad, entre otros. Lograr este objetivo implica la máxima comunión entre el profesorado, el personal de administración y servicios, los estudiantes y los diferentes grupos de interés de nuestro entorno, para que seamos capaces de reflejar de manera proactiva propuestas que permitan marcar el horizonte futuro de nuestra institución.

Nuestra Universidad atesora más de cinco siglos de historia. Más de 75.000 personas forman parte actualmente de ella. Es una gran institución que se desenvuelve en un entorno dinámico, incierto y en el que los recursos son cada vez más escasos. Anticipa nace con la intención de identificar los retos presentes y futuros, sin perder los valores propios y contribuyendo a la mejora de nuestra sociedad.

La propuesta de trabajo pretende ser enriquecedora, dando voz a todas aquéllas iniciativas que persigan mejorar en el futuro a nuestra institución. Para ello, entre los meses de noviembre del 2016 a febrero del 2017 se articularán diversos canales de participación. De igual modo, se pondrán en marcha distintos grupos de trabajo que diagnosticarán, reflexionarán y harán propuestas sobre múltiples aspectos de nuestra Universidad; se abrirán vías de comunicación on-line a toda la comunidad universitaria y se recopilarán todas aquellas aportaciones constructivas al Plan, tanto de agentes internos como externos. Contamos con toda la comunidad universitaria, y con la Sociedad en su conjunto, en este ilusionante y ambicioso, pero necesario proyecto que ahora comenzamos.

Aquí os dejamos el Proceso diseñado para desarrollar el plan:
De entre los documentos Anticipa que se presentan así:
Los documentos Anticipa son una una herramienta de apoyo para el inicio del plan. Tratan de dar una visión general y concisa de la situación actual de la Universidad de Sevilla en ocho grandes campos,
que son los siguientes:
DOCENCIA
INVESTIGACIÓN
TRANSFERENCIA
RECURSOS HUMANOS
INTERNACIONALIZACIÓN
INSERCIÓN LABORAL
CULTURA
RESPONSABILIDAD CON LA SOCIEDAD
os traemos concretamente los referidos a Investigación (ya que soy Estudiante de Doctorado de la Facultad de Económicas y Empresariales de la Universidad) y el de Recursos Humanos (ya que como saben, soy personal de servicios -PAS- de la Universidad, este mes además es mi cumpleaños en la institución como trabajador he cumplido 10 trienios ... es decir, la friolera de 30 años de trabajo #esloqhay ..eso si, comparao con la friolera de los más de 500 años de la Uni ... #aquíesná)



Por último algunos twitters del   ...  #AnticipaUS ... y alguna reflexión que al oir hablar al Rector sobre Grecia y la nave .... recordé a espartanos y troyanos, atenienses and others ...



(leer más...)
Fuente: [ Universidad de Sevilla ]

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